miércoles, 2 de junio de 2010

La Conquista de America

LA CONQUISTA

Debe entenderse por conquista, la acción bélica de grupos organizados, de españoles que proceden a dominar por la fuerza de las armas a las poblaciones aborígenes de las Indias. Estas campañas pueden estar organizadas desde la Península directamente, o partir desde tierras americanas, previamente dominadas. Estos grupos organizados constituyen la llamada hueste, que ha sido legalmente constituida y está a las órdenes de un capitán, también oficialmente designado. Estos grupos tenían objetivos concretos que alcanzar, lo que unas veces conseguían y otras no. Estos objetivos no eran propiamente bélicos, sino exploratorios, pero la experiencia demostró desde un comienzo -los viajes colombinos- que era necesario, por la seguridad de la propia hueste, llevar una previsión armada.
La finalidad era conseguir que los habitantes de las tierras exploradas reconocieran la soberanía del Rey de España y se prestaran a la conversión a la verdadera fe. Si la tierra era dominada, se instalaría en ella una administración española, convirtiéndose el capitán en la cabeza de ella, con diferentes denominaciones -gobernador, adelantado, mariscal -, y los miembros de la hueste ocuparían cargos y funciones subordinadas. Esto último daba un estímulo a éstos para tener, aparte de los fines indicados, otros particulares y personales de fortuna y promoción.

LAS BASES DE LEGITIMACIÓN
La idea de que las huestes conquistadoras eran aglomeraciones de aventureros, en el sentido más peyorativo de la palabra, es totalmente falsa. Ningún capitán actúa sin unos requisitos previos a la recluta de la gente de la hueste. Y ni siquiera puede batir Cajas o abrir banderín de enganche sin que tenga una justificación oficial para hacerlo. Es decir, un permiso y, una vez obtenido éste, para actuar en la Conquista debía ceñirse a unas normas. Estos dos requisitos eran la Capitulación y las Instrucciones.

Las Capitulaciones

Cristóbal Colón firma en Santa Fe de Granada, en 1492, unas Capitulaciones con los reyes católicos, comprometiéndose a llegar a tierras que aseguraba se hallaban al otro lado del Atlántico.Las Capitulaciones para nuevas exploraciones y subsiguiente sumisión de los habitantes de las tierras descubiertas por los medios que se estipulan, tiene un fundamento jurídico completamente distinto. Es un convenio, contrato o compromiso entre el rey y un particular. El primero lo hace a título de soberano de las tierras que han comenzado a descubrirse, y por la capitulación concede permiso para que un grupo de hombres guiados y capitaneados por una persona con la que capitula, realice actos exploratorios.Generalmente lo contratado se cumplía por ambas partes y las recompensas y premios eran otorgados, pero no de un modo automático. Los particulares tenían que iniciar largas polémicas con la Administración -con el Rey - para conseguir lo pactado, después de haber añadido a la Corona amplios territorios. La hueste tiene mucho de tradición medieval, y es cuestión de capitulaciones para entradas y descubrimientos, se consolida un título que casi había desaparecido en Castilla: el del Adelantado. Se trataba de los que gobernaban zonas fronterizas o de peligro de guerra, y así se empleó durante la reconquista. Se usó también este término para designar al que las gobernaba en nombre del Rey. Vasco Núñez de Balboa fue Adelantado de la Mar del Sur.

Las Instrucciones

Desde un comienzo, la Corona, incluso antes de que se organizara el Consejo de Indias -canal administrativo y jurídico de la normalización del gobierno de las nuevas tierras-, procuró tomar medidas que frenaran la extrema libertad de acción de los capitanes de las huestes y sus hombres. Aparecen tales medidas en la Provisión de Granada de 17 de noviembre de 1526, las famosas Nuevas Leyes de 1542, y en las Ordenanzas de Felipe II, de 1572. Ya antes de Carlos I, los Reyes Católicos habían encargado al doctor Palacios Rubios, que redactara un escrito previo a cualquier entrada entre indios.
Así pues, por si la Capitulación -en que se especificaba todo género de conocimientos por ambas partes- no fuera suficientemente clara, el capitán de la hueste debía atenerse a normas estrictas de su conducta personal -como jefe y delegado de la autoridad real según los casos- y de la de sus hombres. Normas contenidas en disposiciones generales, que emanaban de principios teóricos más altos, elaborados por los juristas y moralistas españoles. Principios inspirados en la idea de la guerra justa, muy en boga en el tiempo de la Conquista de las Indias. Estas normas complementarias, o Instrucciones, pueden ser agrupadas en los siguientes apartados:
*Atribuciones de mando del capitán.
Jefe total de la hueste, con autoridad para resolver casos civiles y criminales, conforme a derecho y justicia y no de otro modo. En casos difíciles, debe asesorarse por personas de seso de su compañía.
*Obligaciones de mando.
El capitán ha de hacer recuento de sus hombres, hacer alarde en varias ocasiones y vigilar que cada hombre tenga su armamento.
*Toma de posesión
Cuando se llegue a tierra desconocida, tomar posesión de ella en nombre del Rey, con la mayor solemnidad y ante escribano, que levantará acta.
*Relaciones con los indios.
Deben ser amistosas, los requerirá según lo establecido para que se sometan al Rey de España, no se les tomarán sus propiedades, castigando al que lo haga, procurando difundir entre ellos la religión cristiana. Si hicieren obsequio al Rey, guardarlo, para su posterior entrega, y si fuera de mucho valor, que se haga recepción delante de veedor.
*Información sobre las tierras exploradas.
Deberá el capitán tomar nota de los accidentes geográficos -costas, puertos, etcétera-, informar sobre la naturaleza del territorio y sus características, así como recoger frutos y enviar muestras de ello a España.
*Conducta de los miembros de la hueste.
El capitán vigilará que sus hombres no blasfemen, que no se amanceben fuera de la ley cristiana y prohibirá los juegos, de dados o de cartas, en evitación de peleas y discordias.

La contravención de estas Instrucciones -que más bien eran verdaderas ordenanzas complementarias de la Capitulación- era duramente sancionada.
A estas instrucciones oficiales habría que añadir las que podrían llamarse instrucciones privadas de los baguianos o conocedores del terreno, que advertían de las dificultades de una geografía imposible y casi desconocida y de una lucha contra un tipo de guerra totalmente distinta de la tradicional en las otras naciones europeas.

LA HUESTE

El explorador que pretende descubrir parte de las tierras aún inexploradas en las islas y tierra firme halladas por Colón, y hacer que ellas entren bajo la soberanía del Rey de España, ha de haber conseguido ponerse en contacto con los organismos que se ocupan de los negocios indianos. Llegado el momento del contacto expone sus propósitos, que son escuchados, pidiéndosele garantías personales y económicas.
Una vez aclarado todo, los covachuelistas redactan el borrador o minuta de las Capitulaciones, por las que no sólo se le concede licencia a su costa y misión para explorar, poblar, etc., sino que además se le inviste con el título de capitán de un grupo de hombres cuyo número se especifica. Si llega a dominar los territorios que promete hallar, es posible que consiga -una vez pacificada la tierra- el título de gobernador, adelantado o alcaide de la primera fortaleza que levante en el territorio conquistado.
Con su documentación en la mano, el flamante capitán tiene que lanzarse a la primera etapa, menos arriesgada que las indianas, de conseguir reunir el grupo de hombres que integren la hueste, dinero para comprar el matalotaje y armas, dineros para los barcos, etc. Si la expedición constaba de una exploración en parte marítima había que enfrentar, además, los costes de navíos, sueldos de la gente de mar, abastecimiento para el período de navegación.
La hueste, empresa privada
Los estudiosos del derecho indiano, que consideran las diversas modalidades de empresas indianas, distinguen claramente las llevadas a cabo por las huestes capitaneadas por una persona que ha capitulado con el Rey -o autoridad debidamente delegada- de las siguientes:
1. Empresas a costa del Estado.
2. Empresas de labradores.
3. Misiones -eclesiásticas- puras.
Que la acción de conquista, generada en una Capitulación y llevada a cabo por una hueste, sea una empresa privada, lleva a una conclusión más amplia.
Cuando se dice que España conquistó América se está afirmando la gran verdad de que fue el pueblo español, por su impulso, por sus motivaciones el que toma la iniciativa de trasladarse, organizadamente, en huestes legalmente constituidas, al otro lado del océano, con el permiso de la Corona, pero no reclutadas por esta.

Organización de la hueste
Hay quien ve en las huestes indianas una continuación de las milicias concejiles de la Edad Media, que tanto contribuyeron al éxito de la Reconquista. El caso no es el mismo, aunque sí hay un punto de coincidencia, que es el de poblar, ya que muchas de las milicias ciudadanas medievales fueron los agentes de población de las tierras de nadie que hubo entre los reinos cristianos y el Califato y las taifas musulmanas, fundando nuevas ciudades en situos estratégicos y dominando los pasos de las rutas naturales.
Formación de la hueste. Como se ha indicado, si la capitulación se hacía en España, también podía efectuarse en autoridad delegada en las Indias, y por tanto la inscripción en la hueste lo mismo podía hacerse en España o en Indias, siendo finalmente las más numerosas estas últimas.
La noticia de la existencia de nuevas tierras -y ricas, naturalmente- hacía que quienes llevaban algún tiempo en las Indias, especialemente en la isla Española, se enrolaran inmediatamente, ante las promesas de los capitanes encargados de dirigir renovadas exploraciones.
La formación de la hueste también exigía sus requisitos, que aparecen resumidos -en lo que al enganche se refiere- en la Recopilación de Indias, del modo siguiente:
Al adelantado o cabo que capitulare en el Consejo, se le despachen nuestras cédulas reales, para que pueda levantar gente en cualquier parte de estos nuestros reinos de la corona de Castilla y León, para la población y pacificación, nombrar capitanes que arbolen banderas, tocar cajas y publicar la jornada, sin que tengan necesidad de presentar otro despacho. Y mandamos a los corregidores de las ciudades, villas y lugares, que no les pongan impedimento, ni lleven ningún interés. Y porque conviene escusar todo desorden, y que esta milicia vaya al efecto que e senviada con toda puntualidad, es nuestra voluntad que todos estén a las órdenes del adelantado o cabo principal, y no se aparten de su obediencia, ni vayan a otra jornada sin su licencia so pena de muerte.
Es evidente que el adelantado o cabo, es decir el que ha capitulado con el Rey, debía abrir banderín de enganche; y habría de buscar primero la formación de un cuerpo de gentes de su mayor confianza.
El capitán procedía a pregonar la empresa, con exhibición del pendón real y del propio estandarte o bandera. Se tocaban pífanos y trompetas, haciendo sonar los tambores o cajas, y dando voces para el alistamiento; así lo relata Bernal Díaz, cuando en la villa de Trinidad, Cortés mandó... poner su estandarte y pendón real delante de su posada y dar pregones, una vez que había recibido la designación por parte del gobernador, de capitán general de la expedición.
Así se iba haciendo el reclutamiento, inscribiéndose los voluntarios, que quedaban por ello vinculados a la empresa, que ya no podían abandonar, pues estaban de tal manera intergrados que la defección se penaba con la muerte.
Aunque la empresa era particular y en cierto modo compartida la responsabilidad, riesgo y coste entre el capitán y los hombres de la hueste, las convocatorias para inscribirse se hacía en nombre del Rey. Ello porque a tierras del Monarca -las Indias- se marchaba, todo con un evidente aspecto militar.

Quiénes se integraban en la hueste
Ya se haga la inscripción en los reinos de Castilla y León o en las Indias, la masa humana debe responder a unas características determinadas, que mezcladas tipifiquen la fisonomía de unas gentes que conquistaron un mundo en poco más de medio siglo.
Los ensayistas que hablan de aventureros, de gentes que van en busca de gloria y de honores, de ávidos buscadores de botines, sin ser exacto, no es lo radical, lo básico, lo motivante. Las noticias venidas de las Indias eran unas veces extraordinariamente prometedoras: pero viene luego un bache en que pasan a ser llamadas tierras de perdición.
Las razones para el enrolamiento en la hueste se pueden resumir:
a) Razón del desplazamiento. Se debe plantear el tema de las motivaciones o razones de que los españoles se inscribieran en las huestes, en bases puramente humanas, y de la índole más elemental. Inactividad laboral, inadaptación social, ansia de medro fácil, busca de honores, parvedad de medios en España, huida de problemas personales, aunque no de la justicia. La difundida idea de que se permitió a los criminales evitar las condenas pasando a Indias, no deja de ser una suposición. Lo que se autorizó, ya en Indias, fue que los que hubieran estado condenados o juzgados pudieran inscribirse en las huestes. Fueron muchos los que buscaron un bálsamo para sus penurias buscando -y encontrando- un destino en Indias.
Estas son las razones, muy humanas, para que los hombres, ya sea en Castilla o en Indias, se incorporaran a las huestes. Las mismas razones porían aplicarse a la mayoría de los que pasaban a Indias para ocupar cargos en carreras judiciales o de gobierno y administración o para hacer negocios. Pero no para intergrarse en una compañía que había de correr peligros, cuyo premio podía ser sustancioso económicamente o en honores y prebendas, títulos y privilegios, a cambio de evidentes riesgos personales.
b) Quiénes podían ir a las Indias y quiénes no. Las condiciones para pasar a las Indias, como miembros de las huestes eran bien precisas. Puede decirse, genéricamente, que todos podían hacerlo, pero había restricciones:
Los adelantados debían procurar que fuera gente limpia de toda raza de moro, judío, hereje o penitenciado por el Santo Oficio y no de los prohibidos de pasar a las Indias por ordenanzas. Los prohíbidos eran: los de linaje de moro o judí, los reconciliados o castigados por la Inquisición, los negros ladinos, los gitanos, los esclavos casados sin su mujer o hijos, las mujeres solteras sin licencia, o las casadas sin sus maridos.
Esto significa que eran aplicables a la constitución de la hueste las normas prohibitivas sobre pasajeros a Indias en general, para que el enrolamiento no se convirtiera en una entrada fácil o falsa para llegarse a las Indias, donde podían desertar y trasladarse a otro sitio, desafiando la pena de muerte que conllevaba tal deserción.
Es preciso tener en cuenta la limitación a los reinos de la antigua Corona de Castilla de la licencia para abrir banderín de enganche. No es que se diga taxativamente que los de la antigua Corona de Aragón no puedan engancharse en la hueste, pero desde el momento que no se mencionaba a las gentes de los reinos de Aragón, Valencia y Mallorca, éstos quedan sin una base jurídica para que nadie se arriesgara a batir cajas en sus tierras. Pero si algún nativo de tales reinos se inscribía, nadie lo iba a impedir, ya que no había pronunciamiento expreso en su contra.
Vargas Machuca, con su sentido pragmático, aconseja que el caudillo no llevara a gente nueva, ni enferma, ni inquieta, ni tampoco mujeres, por las riñas e impedimentos que ocasionaban.
c) Procedencia social de la gente de la hueste. Podría pensarse que los que acudían al bnaderín de enganche, serían principalmente antiguos combatientes -de la guerra de Granada en un comienzo, de las de Italia seguidamente o de las extintas guerras señoriales- o campesinos sin empleo, amén de la masa ávida de ganancia fácil, que existe en todo tiempo y que no escaseaba en la España del siglo XVI. Naturalmente que, de ser así, no se trataría de militares de alta graduación, que siempre tendrían sustento, por pertenecer a clases altas de la sociedad española, sino de mandos medios, con graduaciones militares inferiores, lo que se comprueba en el caso del peonaje. Pero no se pueden dar afirmaciones generales en nada referente a las Indias.
En otras ocasiones se ha puesto de manifiesto la ausencia, en las huestes que llevaron a cabo las acciones guerreras, de personas con títulos académicos o que hubieran dado muestra, antes de la Conquista, de actvidades intelectuales, humanísticas o de orden médico, jurídico o administrativo. Pese a esta realidad evidente -y que sólo Jiménez de Quesada sea un licenciado y capitán de una importante conquista- asombra el nivel cultural de gran número de soldados que figuraron en las huestes, y que se convirtieron en cronistas, como Cieza de león, Pascual de Adagoya, Bernal Díaz del Castillo, Alvarado, el propio Hernán Cortés, entre otros.
Dicho esto, debemos preguntarnos a qué clases sociales pertencieron los que acudían al batir de los tambores y las trompetas de los pregoneros. Según Bernal Díaz del Castillo, sus compañeros de armas eran todos los más hijosdalgo, aunque no pueden ser de tan claros linajes, porque vista cosa es que en este mundo no nacen todos los hombres iguales, así en generosisdad como en virtudes. El capitán-cronista se evade, valorando a los hombres más por la exaltación de sus valores humanos que por sus nobiliarios orígenes. En la lista de los capitanes que acompañaron a Gonzalo Jiménez de Quesada, redactada por él mismo, nos encontramos que la mayoría de ellos salió como peones voluntarios, que ascendieron por méritos en las campañas, y que luego recibieron como premio encomiendas de indios en la Nueva Granada.
d) Procedencia regional. La opinión general es que la mayoría de los desplazados a las Indias procedían de Extremadura.
Gracias a la publicación de los libros de registro de los Pasajeros a Indias, conservados en el Archivo de Indias y a las pacientes investigaciones de Boyd-Bowman, fichando todos los soldados mencionados en las crónicas, se sabe hoy que Castilla la Vieja, Ciudad real, Galicia, León y Andalucía proporcionaron innumerables hombres a las huestes indianas.

Organización y estructura de la hueste indiana
La hueste es una compañía que se organiza y estructura conforme a un criterio de milicia, que debe ser autosuficiente para sobrevivir en territorios desconocidos, con el armamento y matalotaje necesario. Los elementos personales o profesionales que forman los grupos diversos que constituyen la hueste son los siguientes. a) el militar, b) el náutico, si la expedición precisa de una etapa marítima, c) el religioso y d) el oficial.
a) el grupo militar. Es naturalmente el esqueleto, el andamio interior que da fuerza a la hueste y por la que ésta se ha constituido. La jerarquización era estrictamente militar, pero más reducida que en los ejércitos españoles que combatían en Europa. El capitán general -que no tenía la misma significación que en nuestros días- o jefe superior, tenía a sus órdenes otros capitanes. Debía repasar el buen estado del armamento de su tropa, haciendo alarde o desfile, en orden, de toda la hueste.
b) La gente de mar. Si la expedición y exploración que pretendía llevar a cabo la hueste tenía una etapa marinera, la gente de mar era indispensable, y así como se compraban barcos y sus bastimentos, se contrataba a marineros y pilotos, que abundaron en todas las exploraciones indianas. Las características de estas gentes eran varias, pues aparte de los propiamente marineros de profesión -o sea, encargados de las maniobras del buque- había los maestros carpinteros, calafateadores y los ya citados pilotos.
Estas gentes estaban a sueldo y no formaban propiamente parte de la hueste en su aspecto militar, pero cuando terminaba su quehacer profesional, solían integrarse en la misma.
c) El elemento religioso. Parte importante aunque minoritaria de la hueste, fueron los religiosos, y ya en las provisiones de Granada -1526-, se ordena que al menos cada expedición contara con dos sacerdotes, aprobados por el Consejo de Indias, entonces recién fundado. Y así hubo frailes en todas las exploraciones, a veces en mayor número que el que marcaban las provisiones. El papel de los sacerdotes, ex oficio, era obligadamente el de aconsejar al caudillo de la hueste, de saber si convenía o no desembarcar -en caso de exploración marítima- y, llegado el momento posterior a la dominación de un territorio o comarca, decidir si los indios debían ser encomendados o no, así como cuidar del servicio de misa y demás obligaciones de su ministerio.
Normalmente los clérigos asistían a las conferencias que el caudillo de la hueste celebraba con sus capitanes, para tomar decisiones o planear lo que había que hacer, y sin duda sus pareceres eran tenidos en cuenta.
d) El grupo oficial. Era la representación de la Real Hacienda en las conquistas de la hueste para evitar que ésta fuera defraudada. Los típicos oficiales reales eran el tesorero, el contador y el factor. El tesorero podía ser nombrado por la propia hueste, o su capitán, y era el depositario de los botines que se consiguieran en las conquistas, pero una vez designado su carácter era ya oficial. El contador es el que lleva los libros, como diríamos hoy, el que anota lo que se consigue, puede ser juez de fundaciones y desde luego el que toma nota de los repartos y de que se ajuste a derecho la parte correspondiente al Rey, o sea el quinto real. El factor interviene también en estas operaciones , y en cierto modo es el secretario pagador del propio capitán.
Habían aún otras funciones oficiales, fuera de las correspondientes a los tres cargos mencionados, que son las de escribano, secretario y depositario de bienes de difuntos. Siempre había un escribano investido de autoridad para hacer el acta de los repartos de los botines.
El secretario era persona de confianza del caudillo o capitán y era el encargado de redactar informes y relaciones, especialmente cuando el capitán no era demasiado dado a escribir, como es el caso de Francisco Pizarro. No tenía el secretario una jerarquía determinada, pero es evidente que su opinión y consejo pesaba mucho en las decisiones de su señor. Tampoco tenía una jerarquía especial el depositario de los bienes de disfrute y por ello no participaba en los consejos, pero su papel era importante, ya que tenía la confianza de todos los hombres de la hueste, puesto que en caso de morir alguno él se encargaba de hacer llegar a sus herederos lo que les hubiera correspondido del difunto.
Los propiamente llamados oficiales reales sí que pesaban en las decisiones de la hueste, pues aunque el capitán debería ser la única autoridad, en muchas ocasiones él mismo solicitaba consejo de las personas de su confianza.
Armamento, matalotaje, medicinas, etcétera
Montar una expedición para explorar tierras desconocidas, habitadas por gentes que las defienden, -lo que se supo desde el primer momento, tras el segundo viaje de Colón- era tarea compleja. Ello requería una preparación amplia y dificultosa, tanto en armamento, ofensivo y defensivo, como en recursos básicos de alimentación - sobre todo si setrataba de exploración marítima- y de curación de las heridas y enfermedades que los encuentros bélicos y la naturaleza del territorio pudieran producir. Los españoles se mostraron bastante precavidos en todos estos aspectos, sobre todo cuando ya hubo baquianos o experimentados en la vida en las Indias.
Las armas. Se ha afirmado con frecuencia que fue la superioridad del armamento castellano lo que dio la victoria a los conquistadores, especialmente los arcabuces y las armas de acero. Esta es una generalización excesiva como pone de manifiesto Mario Salas.
Más que armas individuales de fuego, se hizo más uso de las ballestas. La ballesta era una versión industrial y moderna del mismo principio en que se sustentaban el arco y la flecha indígena. Ambas armas estaban separadas por los siglos del progreso del arco que habían conducido a la ballesta.
Evidentemente las armas de fuego, arcabuces, tiros o pequeños cañones que arrojaban pelotas de hierro o piedra fueron muy útiles, sobre todo por sus efectos sorpresivos, especialmente en los primeros momentos. Pero los indios se acostumbraron a ellas y hasta aprendieron a manejarlas.
Había dos “armas” que siempre tuvieron una gran eficacia, que fueron el caballo y el perro. En los comienzos, por el terror que infundía este monstruo que obedecía a los barbudos extranjeros, y al que creyeron inmortal, lo cual pronto conocieron que no era verdad. Pero su eficacia en las cargas seguía siendo decisiva en infinidad de ocasiones, aunque los indios aprendieron a hacer hoyos para que se quebraran las patas, y a enlazarlos con los ayllos o boleadoras.
El perro, especialmente recogido en Canarias, a su paso por las islas, fue un auxiliar también muy eficaz, especialmente como vanguardia descubridora de emboscadas y luego en la persecución de los indios derrotados. Un indio aperreado hasta el límite de su resistencia física quedaba marcado por el terror para toda su vida.
Todo este armamento, con sus complementos necesarios de trompetas y cascabeles, para los petos de los caballos -que infundía gran pavor a los indios que recibían el empuje de las cargas de caballería- a veces no era suficiente para enfrentarse a un armamento enemigo de la mayor eficacia, pues no en vano el indio combatía en su terreno y con prácticas que habían dmostrado ancestralmente su valor.
Bastimentos, matalotaje, medicinas. Los medicamentos que eran conocidos en Europa antes del Descubrimiento, muy poco sirvieron en las Indias, y las curas de heridas se hacían de un modo brutal, mediante cauterizaciones con hierro o acero candente, que se resistían a pie firme en una época en que no existían medios de anestesia, como no fuera emborrachar al paciente. Muy pronto los españoles aprendieron de los físicos -médicos- indios las medicinas propias para evitar las fiebres.
Enumerar todo lo que el fardaje que una hueste importante precisaba llevar sería una lista casi interminable: toneles con carne de cerdo, grasa, clavazón, galletas, repuestos de fondo de tonel, etcétera.

ASPECTOS ECONÓMICOS, BOTINES Y PREMIOS
Sin incidir en teorías deterministas de que los móviles humanos en general son de origen económico, es indudable la importancia decisiva que tienen en todas las relaciones humanas, los aspectos de remuneración, gasto, premio, derechos económicos y otros, sin los cuales la sociedad no prodría avanzar.
Como ya hemos comentado las empresas de las huestes fueron iniciativas privadas, sancionadas por Capitulaciones con el Rey o sus delegados, porque se operaba en tierras de su soberanía y porque se perseguían los fines de la difusión del Evangelio y establecimiento efectivo de la dicha soberanía.
La afirmación constante por parte de los conquistadores, que formaban la hueste, de que los éxitos conseguidos se debían especialmente al esfuerzo personal -notoriamente económico- de ellos , aparece en todos los escritos, ya sea de crónicas o de carácter oficial o administrativo. Bernal Díaz del Castillo expone cómo fueron Cortés y sus compañeros los que cargaron con el peso del gasto de la organización de la tercera y definitiva exploración de las costas del golfo mexicano. Muchas veces los que participaban en los gastos, por medio de la compra de cosas que luego eran vendidas a los expedicionarios en el curso de la exploración, lo que buscaban era lucrarse, sin exponerse personalmente, a costa de la própia hueste.
El hecho de que los gastos de las expediciones recayesen sobre la responsabilidad de los organizadores, responde a que la corona no estaba en condiciones de pechar con los crecidos gastos de infraestructura (barcos, armas, matalotaje, fondo de materiales de previsión, etcétera) y además la experiencia demostraba que los particulares tenían mayor interés en conseguir que todo resultara bien que los designados por el Estado.
Los provechos de la corona y botines
Fundamentalmente al Rey le correspondía el quinto de toda presa y botín, reintegro de gastos que se hubieran hecho con cargo a las cajas reales y totalidad de lo que fuera tomado, aprisionado o rescatado, de las personas de los príncipes y monarcas vencidos. Aquí radicaron algunas diferencias entre los caudillos de la hueste y el fisco real, pese a que en los repartos estaban presentes los oficiales reales, que se hacían cargo de los quintos.
Los grandes botines fueron los de México y Perú, como es lógico. En México hubo dos repartos, el de Motecuzohma y el de la conquista de la ciudad. Lo de Atau-Hualpa fue más complejo, pues en verdad en Cajamarca lo que se distribuía era el rescate de un rey, y por lo tanto correspondía al monarca español y no a los miembros de la hueste.
Premios, beneficios, privilegios y títulos
Los hombres que hicieron la Conquista de las Indias se habían alistado en la hueste para poder medrar en la vida, ya fuera con la lícita ganancia -estipulada por su capitán con el Rey- de lo que se obtuviera en las entradas, o por los premios que le fueran concedidos, a parte de poderse establecer dignamente en las nuevas tierras.
En los provechos que la gente de la hueste podía sacar, una vez “pacificada” la tierra, se deben distinguir dos cosas perfectamente diferenciadas: el cumplimiento de lo pactado con el Rey en la capitulación, y las mercedes y premios que éste pudiera concederles luego.
Cuando un capitán había cumplido aquello a lo que se comprometió el Rey, éste podía por merced concederle premios, tanto en honores como en beneficios fiscales o de carácter económico y de rentas en las Indias. A los Colón, aparte del uso hereditario y honorario del título de Almirantes de la Mar Océana, se les concedió el ducado de Veragua, a Cortés el título de Conde del Valle de Oaxaca y a Pizarro el de Marqués de la Conquista.
Como la Corona, desde tiempos de los Reyes Católicos no quería reincidir en formas feudales, los señoríos lo eran sólo en el aspecto señorial, o de prestigio y económico, pero sin prerrogativas, que las reservaba el Rey. Como en los pueblos de indios el Corregidor fuera nombrado por el Rey -o su delegado en Indias-, el territorio señorial no servía de asilo, debiéndose entregar a la autoridad real a los malhechores.
Cuando se fundaba una población o se establecía un pueblo de indios, se procedía a encomendar a los indígenas a un conquistador. La Encomienda Indiana ha sido uno de los puntos más discutidos de la colonización española, pues partía del principio de que los indios tuvieran alguien que los protegiera, enseñara el Evangelio y los defendiera en litigios y en cualquier conflictos. En realidad fue conceder vasallos a los conquistadores, a veces por dos vidas, o sea, transmisibles al hijo, que los empleaba en trabajos agrícolas o mineros. En definitiva, era un modo de premiar el esfuerzo del miembro de la hueste con una renta.
Relaciones de la hueste con los indios
Los conquistadores de la hueste tenían que realizar campañas para sujetar la tierra, como se decía entonces, pero no siempre los indios eran sus enemigos, sino que las relaciones entre ambos tenían diversas modalidades: como aliados, como compañeros de armas y como auxiliares.
Indios aliados. Los jefes de las huestes indianas se dieron pronto cuenta de que todos los indios no formaban una unidad política, sino que se hallaban en estado de guerra, o al menos de hostilidad entre ellos. Ello podría, con habilidad, aprovecharse por parte de los castellanos.
Compañeros de armas. Se puede aplicar a los indios mexicanos que marcharon con Pedro de Alvarado a la conquista del reino de Guatemala, ya que recibieron fuero de conquistador como los españoles, y participaron en plano de igualdad con ellos en los repartos.
Los indios auxiliares de la campaña. Las empresas organizadas ya en las Indias requerían la movilización de un amplio fardaje, de una impedimenta que el soldado de la hueste no podía llevar consigo, ni había acémilas suficientes en muchas ocasiones. Aunque había que contar con su alimentación, resultó siempre más útil, y hasta más económico, el utilizar indios cargeros o tamenes, a los que en ocasiones había también que compensar con salario.
Un tema espinoso es el de la captura de indios para hacerlos esclavos, lo que siempre estuvo prohibido pero que una hábil jurisprudencia permitía determinadas circunstancias para que los indios fueran sometidos a esclavitud.
No puede decirse que se organizaran huestes, con todos los requisitos legales, capitulación, etcétera, solamente para conseguir esclavos, argumentando luego, cuando los traían que eran indios de guerra. Pero sí hubo avispados cazadores de esclavos que formaron empresas clandestinas, como la de Alonso de Ojeda.
La repugnancia de los españoles al encontrar -aparte de las noticias que les daban los indios de las Antillas mayores- de que los caribes eran comedores de carne humana, lo que era el peor pecado contra natura, hizo que se les considerara presa idónea para convertirlos en esclavos.
Los indios sublevados, o rebeldes, ya no eran tarea de la hueste, puesto que ésta se disolvía cuando se había dominado el territorio, se hacía el reparto del botín, se fundaban las ciudades y villas, se atribuían los solares a cada fundador, y se hacían los repartos de las encomiendas de los indios.
No eran tarea de una hueste que ya no existía, pero el espíritu continuaba, y si sucedía que había una rebelión, el gobernador, adelantado o virrey organizaba una expedición contra los rebeldes, en la que regían las mismas normas que para cualquier guerra contra los indígenas.

CONCLUSIÓN
La primera consideración importante, es que el presente estudio sirva para conocer con más detenimiento los pormenores de la Conquista de las Indias.
A partir de esta primera consideración se derivan toda una serie de conclusiones que ayudan a conocer con más detalle la realidad de este período histórico.
Es evidente que la Conquista fue realizada a modo de “concesión”. La Corona, en una situación de precariedad ante los múltiples frentes abiertos en toda Europa y por tanto ávida de metales preciosos, delegó en diferentes particulares la responsabilidad de descubrir y expoliar las ricas tierras de las que había hablado Colón tras sus viajes iniciales. Desde cierto punto de vista, este sistema utilizado para explorar las Indias no era del todo desacertado, ya que no conllevaba riesgos económicos directos para la Corona. Pero como cualquier otro sistema, este tenía sus inconvenientes.
A mi parecer, resulta evidente que, ya desde un principio, se produjo una desvinculación respecto de la Corona y ello derivó en una pérdida de control directo sobre las nuevas tierras. Cuando una cosa empieza mal, acaba mal. Esto es lo que le ocurrió a la Corona con las Indias. La situación nunca pudo ser reconducida, y es que los hombres que arriesgaron su vida para hacer del Rey aquellas tierras, finalmente las sintieron como propias.
No es mi intención realizar un ejercicio de simplificación sobre la causa de la pérdida de control de las colonias. Resulta evidente que un proceso tan complejo conlleva toda una serie razones igualmente complejas. Sólo pretendo relacionar la privacidad de la hueste indiana con el hecho de la Conquista como un “asunto de Estado”.





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